Adiós al póker de Ballmer: llega el ajedrez de Nadella

Esta semana se está celebrando la Conferencia Mundial de Partners de Microsoft, pero todo el protagonismo se lo ha llevado la filtración de despidos masivos por parte del gigante de software. Al parecer, la compañía podría llevar a cabo la mayor ronda de despidos desde que Steve Ballmer hiciera lo propio hace cinco años.

Microsoft despide “poco”, pero cuando lo hace, lo hace a lo grande. 2009 fue el año de su primer gran tijeretazo, dejando en la calle a 5.000 empleados, lo que por aquel entonces suponía el 5% de la plantilla. Ahora podría superarse esa cifra de despidos.

¿De dónde vienen buena parte de los nuevos despidos? De Nokia, una adquisición que no resulta tan sencilla de digerir como algunos pensaron. Con ella y sus 32.000 empleados, Microsoft rompió la barrera de los 100.000 trabajadores, límite que Ballmer se había esforzado en no rebasar con su tajo de 2009.

Ahora, con más de 127.000 empleados (127.104 concretamente), el tercer CEO en la historia de la compañía, Satya Nadella siente que ha de aligerar su estructura orgánica. Los despidos con cuentagotas, sobre todo en 2012, no han sido suficientes, a pesar de que era un cuentagotas grueso: varios cientos de despidos, en marketing y ventas fundamentalmente. El próximo 22 de julio, coincidiendo con la publicación de los resultados trimestrales, podríamos conocer más detalles. (Actualización: hoy mismo, 17 de julio, podría confirmarse la noticia, según nuevas filtraciones)

El farol de Nokia

En mitad de todo este embrollo, hay una pieza clave: el comunicado que Nadella envió hace seis días y que, a pesar de que iba dirigido a todos los empleados, en realidad, tenía un alcance intencionado mucho mayor. Para entenderlo, es preciso remontarse cinco años atrás, cuando Ballmer lanzó su famoso memo a los 96.000 empleados de Microsoft avanzando el despido inmediato de 1.400 y de otros 3.600 trabajadores en los siguientes 18 meses.

Faltó algo en ese memo. ¿El qué? Una visión, un rumbo a seguir por al gigante del software que veía cómo las cifras de consumo caían, que las empresas despedían masivamente dejando cientos de miles de puestos libres y que sus rivales en los más diversos campos (Google, Apple, Amazon, Samsung… por no mencionar a IBM y Oracle) le comían la tostada.

Y entonces llegó el primer acuerdo con Nokia y posteriormente, en septiembre del año pasado, la compra definitiva de la finlandesa por 5.400 millones de euros. Que Microsoft había de ser fuerte en dispositivos móviles era un hecho, que hubiera que comprar Nokia, en franca decadencia por aquel entonces, es algo muy distinto. Se suponía que tras aquella compra, Microsoft conseguiría ahorros de 600 millones de dólares anuales en tan sólo 18 meses (de ahí, en parte, los despidos).

Muchos vieron en la compra de Nokia un farol de Ballmer que, además, le dejaría la patata caliente a su sucesor.

¿Obtendrá Microsoft un retorno real de Nokia a medio plazo? Está por ver. A los 5.400 millones de euros que le costó hay que sumar los 1.500 millones de euros de financiación que ha exigido esta suerte de operación de rescate de la finlandesa, así como la promesa de construir un datacenter en Finlandia para prestar servicio a los clientes europeos.

Muchos vieron en aquella operación un farol de Ballmer que, además, le dejaría la patata caliente a su sucesor. Algunos, como la propia consultora Gartner, situaron a Stephen Elop, CEO de Nokia, en los puestos de cabeza en las quinielas al frente de Microsoft. A fin de cuentas, Elop conocía la casa por dentro de su época al frente de la división de Servicios Empresariales. Se equivocaron.

Llegó Nadella y sus 22 años de experiencia en Microsoft.

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Del póker al ajedrez

Si Ballmer era jugador de póker, Nadella parece más bien uno de ajedrez, tratando de anticiparse dos o tres movimientos a su adversario. Y en este caso, su peor rival es la propia Microsoft. Por este motivo, desde que en febrero tomara las riendas de la multinacional, el nuevo CEO se ha marcado el objetivo de resetear la compañía.

Sus prioridades son los dispositivos móviles y el cloud computing, es decir, todo aquello que le permita dar al usuario lo que al CEO le gusta denominar “experiencias” (adiós a los productos y servicios) en su vida digital, donde las herramientas tecnológicas para el trabajo y el ocio se entremezclan.

¿Y el software de productividad? ¿Qué sucede con Office y Office 365? Pues que Microsoft no puede renunciar a él por los beneficios que le reporta, pero que se apartan un tanto de este nuevo enfoque de “experiencia” del usuario, que utiliza la ofimática más por obligación que porque le entusiasme, si bien es cierto que la pátina de Big Data que le aporta Power BI le dará otro empaque.

Hay que dar el salto a la nube y esto no sólo implica adecuar la oferta a ella, sino la propia organización de la compañía. Saltar a la nube implica suministrar constantemente actualizaciones de software. La tradicional estructura departamental de directores de programación, desarrolladores y testers (a éstos les salpicarán los despidos) carece de sentido en favor de una relación mucho más estrecha entre los testers de calidad y los desarrolladores de software.

Se trata de aplicar una reingeniería a la misma ingeniería con un único objetivo: desarrollar software más rápidamente sin perder calidad en el proceso. Ya no es posible esperar entre dos y tres años para lanzar nuevo software, a pesar de que ese lapso de tiempo esté trufado de parches y mejoras.

Nadella parece decidido a actuar en lugar de reaccionar. Y es que muchos de los grandes fracasos de la compañía han venido como consecuencia de errores estratégicos basados en un principio de pura reacción. Así, si Apple lanzó en 2001 su iPod, tres años más tarde Microsoft se estrellaba con su Zune. Los dispositivos móviles nunca se le han dado bien a Microsoft (Kin fue retirado del mercado en 48 horas), ni siquiera en su fuerte, el software. ¿Quién no recuerda aquel Windows CE para PDA?

A veces da la sensación de que Microsoft está corriendo carreras que, en realidad, ya se han acabado para él.

La llegada de Google ha supuesto un duro golpe para el gigante de Redmond, que cometió la equivocación de atacar a su rival, precisamente, donde más expertise tenía éste y donde el gigante de Redmond no tenía ninguna experiencia, es decir, en los motores de búsqueda. Bing más que perjudicar ayudó a Google, alumbrando un nuevo actor y eliminando así la  posibilidad de acusarle de monopolio ante autoridades reguladoras.

A veces da la sensación de que Microsoft está corriendo carreras que, en realidad, ya se han acabado para él. Es el caso de Windows Phone 8, que lo tiene realmente complicado frente a iOS de Apple o a Android de Google. En menor medida, pero también con demasiados cuerpos de desventaja se encuentra Surface frente a iPad o, incluso, las tabletas Android multifabricante. Y esto es especialmente doloroso considerando que Microsoft fue la primera en sacar al mercado un Tablet PC…

… Por no hablar de la primera versión de Windows 8, cuyo desencanto por parte de los usuarios revive la pesadilla que fue Windows Vista.

Veremos si Nadella es capaz de salir del jaque en que se encuentra Microsoft.

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