Big Data en la lucha contra el terrorismo

Hace unos días escribí para Público un artículo en el que explicaba que la seguridad es más una cuestión de inteligencia que de represión. Los Gobiernos parecen no haber entendido eso tras los últimos atentados de París y están planteando medidas que recortan nuestras libertades civiles. En aquella entrada del blog explicaba que una de las claves para obtener más inteligencia reside en el Big Data. En esta entrada trataré de profundizar un poco más en este argumento.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las autoridades en la actualidad es la congestión, en todos los aspectos, partiendo por la información y terminando por los mismos actores. Hace unos años llegó a acuñarse el término inglés ‘data obesity’ (obesidad de datos) para referirse a esta acumulación indiscriminada de datos sin criterio alguno, en el que no es tan complicado como parece que caigan las autoridades.

A ello hay que unir, además, todo el ruido que se genera alrededor, entendiendo por éste, el caos propios de las cascos urbanos o las continuas falsas alarmas que se producen, sin olvidar la propia descoordinación existente entre las distintas Fuerzas del Estado (en Europa, ni siquiera tienen una misma definición de ‘terrorismo’, por lo que salvo casos excepcionales como España-Francia por ETA, la relación no es demasiado fluida). Este entorno tan enmarañado es el que aprovechan los terroristas para operar sin ser detectados.

Sin embargo, con las capacidades de supercomputación y análisis que se han desarrollado en los últimos años en torno al concepto de Big Data es posible reducir tanto la congestión como el ruido. Dado que esto es un blog tecnológico y que los lectores están más que familiarizados con el potencial analítico de ingentes volúmenes de información (como las fuentes abiertas en Internet) que se pueden realizar con herramientas Big Data, pasaré por encima este aspecto.

Tan sólo indicar que desde hace años proyectos como Cyber Targeted- Attack Analyzer y el Cyber-Insider Threat (CINDER), ambos de DARPA ya son capaces de integrar datos (estructurados y no estructurados) e indexar sus fuentes automáticamente sin prácticamente intervención humana, simplificando extraordinariamente el trabajo de los analistas de Inteligencia.

Me centraré más, por ejemplo, en otras aplicaciones de Big Data que pueden ayudar a la lucha antiterrorista. Comencemos por la criminología computacional, es decir, el data-mining de archivos criminales, de los que se pueden cruzar datos de organizaciones y agrupaciones terroristas, aprender su comportamiento, entremezclar textos multilingües (traducción automática a gran escala, en número de idiomas y en volumen), analizar opiniones, etc.

SinDominio IBM COPLINKYa existen algunos proyectos en este sentido, como el desarrollado por la Universidad de Arizona bautizado como Dark Web Research, habiéndose convertido en una de las mayores bases de datos existentes para la investigación del terrorismo (más de 20TB de información sobre sitios web y contenidos de redes sociales relacionados con terrorismo).

COPLINK, que fue adquirido por IBM en 2011 (foto superior), es otro ejemplo de ello. Originariamente era un proyecto financiado por la National Science Foundation y el Departamento de Justicia de Estados Unidos, y permitía compartir, cruzar y analizar información de más de 4500 departamentos de policía en EEUU y por 25 países de la OTAN.

Videovigilancia inútil

Asumido que cada vez convivimos con un mayor número de cámaras de videovigilancia, al menos, saquémosle el máximo partido… que no es el caso. A día de hoy, la mayor parte de las veces tienen más utilidad tras la comisión de un delito que para su prevención. En el mejor de los casos, tienen carácter disuasorio porque el delincuente no actúa al ser una zona videovigilada (generalmente lo hacen, ocultando el rostro).

Estamos perdiendo un potencial precioso: aunque nunca facilitan datos oficiales, se calcula que ciudades como Londres superan los 4 millones de videocámaras y, en nuestro país, Madrid llegó a ser tomado como modelo de despliegue en 2011 para Chicago.

¿Qué pinta aquí Big Data? Sencillo: el análisis de vídeo en tiempo real y automático. El motivo principal por que el no estamos optimizando el potencial de la videovigilancia es porque las autoridades no cuentan con suficientes recursos –ni tiempo- para revisar todo el material. Sin embargo, la tecnología puede resolver esta problemática, pudiendo incluso establecer alertas asociadas a determinadas actividades o comportamientos, anticipándose a las comisión de un delito e, incluso, de un acto terrorista.

Asimismo, la capacidad de supercomputación y analítica brindan la oportunidad de realizar búsquedas inteligentes en la ingente cantidad de horas de vídeo grabadas. Me refiero a la incorporación de metadatos y otro tipo de anotaciones que permiten la identificación de matrículas de vehículos, de determinados sospechosos basándose en software de reconocimiento facial o detectar comportamientos extraños, como dejar una caja abandonada en una papelera de estación de tren, como sucedió recientemente en Nuevos Ministerios (Madrid). No sólo eso: si contáramos en España con tecnología de estas características, habría sido posible detectar en Madrid al terrorista Amédy Coulibaly y su pareja cuando estuvieron en Nochevieja. No fue el caso, aunque las cámaras desplegadas por toda la capital seguro que les grabaron en más de una ocasión.

Ya existen programas como VIRAT (Video and Image Retrieval and Analysis Tool) de DARPA (ver vídeo) o el Intelligent Video Analytics de IBM.

Protección de infraestructuras críticas

Una de las primeras medidas que se toma cuando se activan los diferentes niveles de alarma terrorista es la protección de las infraestructuras críticas, que van desde las de energía, al transporte, el agua, la alimentación, las TIC o la propia Administración, entre muchas otras. En esta área también Big Data puede jugar un papel clave, más aún con el boom del Internet de las Cosas (IoT) y la diversidad de sensores.

Como sucede con la videovigilancia, el problema no viene de capturar una gran cantidad de datos –los sensores lo hacen constantemente- sino de procesarlos y transformarlos en información útil. Las herramientas Big Data pueden hacerlo. Ya se han realizado proyectos, incluso, utilizando sensores acústicos.

Estos son sólo algunos ejemplos de lo que la tecnología, y más concretamente las aplicaciones Big Data, pueden hacer por la lucha antiterrorista. Ojalá los Gobiernos tomen nota antes de recortar nuestros derechos civiles.

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