Lo que no se cuenta del IoT

Cisco ha celebrado hoy su evento del año en España, el Cisco Connect, cuyo eje central ha sido lo que unos llaman el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) o, como prefiere llamarlo la compañía que preside John Chambers, el Internet de Todo (IoE). Sea cual sea su nomenclatura, asistimos a un nuevo escenario llamado a dinamizar el sector porque esta nueva realidad dará de comer a unos cuantos. Eso sí, esperemos que arranque con mejor pie de lo que la propia Cisco lo hizo hoy, que olvidó conectar a internet por streaming su evento por excelencia.

Este concepto de marketing ha sido acuñado para describir una realidad en la que millones de dispositivos de todo tipo están conectados a internet, desde un marcapasos en una persona, a sensores en los vehículos a los contadores inteligentes de los que tanto llevamos oyendo hablar en los últimos tiempos… por no hablar de neveras, relojes y cualquier cacharro electrónico que se imaginen. ¡Sí, al fin Negroponte dio una!

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Cisco es uno de los grandes impulsores del concepto, convencido de que para 2020 tendremos 50.000 millones de dispositivos conectados a la red (a pesar de que la adopción de IPv6 continúa a paso de tortuga). En sus planes se encuentra invertir en los próximos dos o tres años unos 250 millones de dólares en start-ups especializadas en esta materia. Lo acaba de anunciar, aunque en enero la cifra era de 100 millones. Pero se mueve, predica con el ejemplo y prueba de ello son sus inversiones en las start-ups Ayla Networks y Evrythng.

En uno de sus numerosos whitepapers, la compañía que lidera José Manuel Petisco en España habla de una tarta muy golosa a la que le quiere hincar el diente: si en el sector público el IoT generará valor de hasta 4,6 billones de dólares, en el privado la cifra escalará hasta los 14,4 billones de la misma moneda.

Un pedazo del pastel que le vendría muy bien para capear los flojos resultados del último trimestre (con un beneficio neto de 2.500 millones de dólares, una caída del 7,4% respecto al mismo trimestre del año anterior). No olvidemos que el año pasado ya acometió reducción de plantilla, con hasta 4.000 despidos.

Con IPv4, nada de IoT

Uno de los primeros problemas que surgen cuando hablamos del IoT es un viejo conocido, el IPv4, ya totalmente exhausto. IPv4 utiliza un sistema de 32-bit y sobre el papel es capaz de proporcionar unos 4.290 millones de direcciones potenciales para dispositivos, que en realidad son muchas menos descontadas las cuentas reservadas o los espacios privados.

SinDominio_IPv6_AdopcionPara cubrir estas carencias, se creó el IPv6 (nada menos que en 1999), que salta a los 128-bit, lo que multiplica el número de direcciones hasta alcanzar en la teoría la impronunciable cifra de direcciones de 340 seguido de 36 ceros y, en la práctica, 42 seguido de 36 ceros. Algunos expertos, como el profesor asociado en el Computer History Museum, Steve Leibson, han llegado a decir que el margen es tal que “podríamos asignar una dirección IP a cada átomo en la faz de la tierra y todavía nos quedarían suficientes para cubrir otro centenar de planetas”. Dicho de otro modo, no hay cosa a la que no se puede asignar su correspondiente dirección IP.

¿Cuál es el problema, del que Cisco y otros no hablan? Su baja adopción. Según Akamai y su Informe Sobre el Estado de Internet, los Estados Unidos y algunos países Europeos siguen encabezando el mundo en términos de adopción de IPv6. De los diez primeros país en todo el globo, Europa cuenta con siete (Suiza, Rumanía, Luxemburgo, Alemania, Bélgica, Francia e Irlanda), mientras que Japón y Perú son los únicos países de sus correspondientes regiones que están en este top.

A pesar de ello, el porcentaje de tráfico IP es muy bajo: Suiza es el primer país y ni siquiera alcanza el 10%. Y es que ni siquiera la Administración Pública está tirando del carro, a pesar de que ese concepto que tanto gusta de Smart Cities, agradecería una mayor adopción de IPV6. Por citar un ejemplo, en EEUU, que acostumbran a ir muy por delante de nosotros, apenas la mitad de todas las webs relacionadas con servicios públicos han migrado ya a IPv6.

¿Por qué no se migra a IPv6?

Cualquiera con dos dedos de frente sabe que migrar de una versión a otra no es una cosa de niños, por mucho que tanto los sistemas operativos como el soporte de conectividad soportan ambos protocolos. ¿Por qué? Porque un dispositivo configurado con una sola IPv6 no va a poder hablar directamente con otro dispositivo con dirección iPv4 (y viceversa, claro). Para que comunicar ambos, es necesario tender puentes de conectividad.

Por otro lado, y éste es uno de los motivos por los que quizás los movimientos de migración están siendo más lentos de lo esperado, son las advertencias de seguridad que organismos como el National Institute of Standards and Technology (NIST) de EEUU están realizando, indicando que podrían abrir la puerta a más ataques de día-cero. Y esta es sólo una de sus preocupaciones, porque dado el retraso en dar el salto a IPV6, los cibercriminales han tenido demasiado tiempo para estudiar las brechas de seguridad de ese proceso y se encuentran al acecho de que arranque masivamente… Y es que la madurez de las soluciones para redes IPv4 no es ni de lejos la que existe para IPv6… por no hablar de la enorme dificultad de correr simultáneamente redes IPv4 y redes IPv6.

El impacto en las empresas

¿Qué impacto tiene en el CIO, en los departamentos de Sistemas de las empresas? En cierto modo, esto del IoT me recuerda a lo que supuso a finales de los 90 el Efecto 2000 (Y2K), que ayudó a dinamizar el sector, a que prácticamente todos los fabricantes sacaran tajada de ello, especialmente en el mudo del software (que, prácticamente, lo es todo, porque tanto redes como hardware no escapan a él).

IoT implica gestión remota, generación de muchos más datos (aquí encaja Big Data) y, cómo no, mayores necesidades de seguridad. Y es que la implementación de una estrategia IoT no será sencilla por el mal endémico que atraviesa la industria: la falta de estándares o cómo cada fabricante quiere cautivar (en el peor sentido de la palabra) a su base de clientes. Cada fabricante utiliza una manera diferente de securizar sus dispositivos, por ejemplo. Si usted se lanza a la arena, no olvide fichar expertos en seguridad, administradores de bases de datos y, por supuesto, ingenieros de red a prueba de tráfico extremo a extremo (de dispositivo a servidor).

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Imagen del auditorio durante Cisco Connect 2014 (Cisco)

¿Para qué tanto expertos? Para hacer frente a la parte menos bonita (y que no se cuenta tanto) del IoT, como son las dificultades que entraña la disparidad tanto geográfica, como de dispositivos, de sistemas operativos y, por supuesto, de la naturaleza y número de todas esas ‘cosas’ conectadas a la red.

Los sistemas de gestión y los de seguridad serán grandes beneficiados de esta corriente. En este último punto, en varios frentes puesto que no sólo habrá que cubrir la seguridad del dispositivo, tanto desde el punto de vista físico, como del sistema operativo, de los datos que alberga y, por supuesto, de la red a la que se conecta, sino a la red en sí misma, que a fin de cuentas es el eslabón más débil de la cadena porque es el primero en ser atacado. A las medidas tradicionales de seguridad tendrán que sumar la de los chequeos de integridad de la información.

Más Big Data

Otro de los grandes beneficiados del IoT es el mundo del almacenamiento. Digamos que al caballero andante de Big Data le ha salido un fiel escudero, que es el IoT. Así, los pronósticos de compañías como EMC es que el universo digital se dobla cada dos años, por lo que en 2020 alcanzaremos los 44 billones de GB de información (en 2013 había 4,4 billones). Con este escenario, muchos se están frotando las manos, claro, ya sea con los pies (y los servidores) en el suelo o en la nube.

La misma EMC asegura que en 2013 sólo el 22% de la información de ese universo digital se consideraba útil (¡qué cantidad de morralla!), y sólo un 5% de esa información útil era realmente analizada. Para 2020, el porcentaje de información útil saltará al 35%… y la pregunta es ¿cuánta será analizada como es debido?

El IoT traerá mucho ruido a internet. Veremos quién es capaz de hacerle frente.

El software libre, ¿salvador?

Con IoT también se asienta otra tipología de red. En lugar de las centralizadas, llegan las redes malladas que pueden conectar miles de sensores en un área (una ciudad, por ejemplo). Para ello se necesitan protocolos y, cómo no, ya han surgido algunas alianzas como la Z-Wave Alliance o la Zigbee Alliance, por ejemplo. El problema que se evidencia es que no interoperan entre sí directamente. Necesitaremos una especie de hub que canalice todas estas conexiones.

SinDominio_WirelessEn este contexto, ¿qué fue de la promesa de Bluetooth? Bueno, no está todo perdido para él y de hecho, a principios de año, el fabricante de semiconductores CSR anunció una red mallada para Bluetooth, capaz de conectar miles de cosas. A nivel doméstico, la ventaja es que todos los smartphones tienen ya Bluetooth y podrían actuar como el hub para nuestro particular IoT… eso sí, los problemas vendrán cuando alguien quiera conectarse en remoto.

La salvación del software libre: la Linux Foundation creó la AllSeen Alliance y a finales de 2013 liberó código (AllJoyn) capaz de correr en cualquier dispositivo electrónico, posibilitando su conexión y, de paso, simplificando el soporte de otros protocolos como Bluetooth LE, ZigBee and Z-Wave. Está desarrollado originariamente por Qualcomm apoyándose en C++ y es capaz de soportar la mayor parte de los sistemas operativos, chipsets y variantes embebidas. Quizás para el próximo CES 2015 ya podremos ver dispositivos conectados entre sí utilizando este protocolo.

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