¿Se quedará IBM con 300.000 empleados menos en 2017?

Ha habido muchas especulaciones acerca de cuántos empleados tiene realmente IBM. La cifra oficial actualmente es más de 400.000. Con la época de las vacas flacas se ha llegado a decir que el Gigante Azul habría despedido hasta a 100.000 trabajadores sólo en India. Hace unos años, incluso, la cifra rumoreada de despidos programados globalmente era de hasta 300.000 IBMers, como se llaman así mismos los empleados de la multinacional.

Hace una semanas sin ir más lejos, SinDominio se hacía eco del que podía ser el mayor despido masivo de plantilla en la historia del sector TIC… a manos de IBM.  Me consta que Marta Martínez, presidenta de IBM España, Portugal, Grecia e Israel convocó a sus jefes de departamento para comunicar personalmente que no se producirían tales despidos masivos. El pánico cundió en la plantilla porque no fueron pocos los medios que se hicieron eco de la supuesta filtración.

Aunque no hay confirmación oficial de ninguno de los rumores, dice el refrán que nunca hay humo sin fuego. En ese sentido, un artículo reciente revela que IBM podría haber pasado en India de los 165.000 empleados que tenía en 2011 a los 113.000 en 2014, con vistas a que este mismo año la cifra cuadre en los 100.000.

¿A qué se debe este recorte de empleados? Pues a dos tendencias que en el sector de las TIC, especialmente en los grandes proveedores de servicios como IBM, están cobrando cada vez más peso: por un lado, la introducción de las nuevas tecnologías que hacen ‘prescindible’ mucha mano de obra. Ya lo avanzaba hace unas semanas: existen trabajos de investigación que advierten seriamente del elevado porcentaje de puestos de trabajo que desaparecerán en la próxima década debido a la automatización y otros avances tecnológicos.

Por otro lado, el paulatino abandono de los contratos a jornada completa para saltar al trabajo por horas o por proyecto también es determinante en estos recortes. Esas dos derivadas son las que podrían desembocar en que para 2017 IBM pueda seguir desarrollando su negocio con tan sólo 100.000 empleados… a nivel mundial. Entraría en juego, claro está, las subcontratas y como ya sucede en España, el pago de la programación al peso, desprestigiando al personal cualificado con que estas grandes compañías se nutren.

“Cada vez que se sube una carga de trabajo a AWS, Google o Azure, es un puesto de trabajo menos en el departamento TIC”

La explosión del cloud computing pone todavía más en bandeja estas medidas. A fin de cuentas, una de las ventajas de la nube para los negocios es que las compañías no tienen que desarrollar su propio software. Cuanto más calan tendencias como SaaS, IaaS y PaaS, más empleo se destruye. No lo digo yo, sino el profesor Ilan Oshri de la Escuela de Negocios y Económicas de Loughborough.

Paralelamente, documentándome hace poco para un almuerzo de prensa de EMC encontré una curiosa cita de su responsable de Canal para EMEA, Philippe Fosse: “Cada vez que se sube una carga de trabajo a AWS, Google o Azure, es un puesto de trabajo menos en el departamento TIC”. Algo sabrán del tema.

 

Las tijeras de la Inteligencia Artificial

Se da la circunstancia de que la propia IBM está desarrollando una nueva generación de sistemas cognitivos, su famoso Watson, que van dejando atrás a los tradicionales sistemas programables. A un sistema como Watson, no se le programa, sino que se le enseña, pudiendo incluso hablarle en lenguaje natural. Es un avance más hacia la imitación humana, pues un sistema cognitivo no interpreta, sino que razona y piensa a través de subsistemas complejos. Desde el Departamento de Defensa de EEUU, a través de DARPA, ya están trabajando en proyectos como Pliny, capaces de autoprogramarse y corregirse con ayuda de enormes bases de datos open source.

“Es pura ficción”, pensarán muchos de los que lean este artículo, pero lo cierto es que ya hay experiencias como la de IPSoft que demuestran lo contrario. Esta compañía cuenta con una plataforma de Inteligencia Artificial a la que bautizó como Amelia. Pues bien, Amelia ha sido capaz de ayudar a los ingenieros de una compañía petrolera a reparar equipamiento en localizaciones remotas. Amelia contaba con todos los conocimientos teóricos tras haberse ‘empollado’ todos los manuales necesarios, dando con la mejor solución a los problemas que describía el ingeniero… no sólo eso, cuando se equivocaba en su propuesta, aprendía del ingeniero incorporándolo a sus conocimientos para futuras incidencias.

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